El sábado de carnaval, fuimos a Luzón un pueblo de Guadalajara, a pasar el día haciendo fotos de los Hitos del Rodenal que ya conocíamos y de los Diablos, que es la forma que tienen en este pueblo de celebrar el carnaval. Los chicos (había solo un chica, imagino que tradicionalmente los que se vestían eran los chicos) se visten de negro, con unas túnicas largas, se pintan de negro brazos, cara y cuello, con un pringue hecho con hollín y aceite, y les atan unos cuernos, creo que de de toro, sobre la cabeza.
Una vez disfrazados corren hasta la plaza del pueblo, haciendo sonar unos cencerros que llevan colgados a la cintura, allí les espera la gente disfrazada y unos dulzaineros (así se les llama en mi pueblo) que amenizan el baile de disfraces. Sorprende que casi todo el que está en la plaza venga disfrazado, esto es porque los diablos tiznan con el pringue de sus manos a todo el que no lleva disfraz. (Tienen bastante cuidado de no manchar a la gente, solo te untan un poco en la cara)
Es muy divertido, aunque no seas del pueblo ni conozcas a nadie, entran ganas de bailar y de volver otro año, eso si, con disfraz! Lo organiza amigos de Luzón.
Aprovechando este día, la Fundación Concha Márquez y el Ayuntamiento de Luzón organizaban un maratón fotográfico, en el que jaq y yo participamos. A los pocos días publicaron las fotos finalistas y estábamos muy contentos, porque viéndolas creímos que teníamos posibilidades de ganar alguno de los 3 premios! Asique ayer, volvimos a Luzón a la entrega de premios, ilusos de nosotros, cámara en mano para hacernos fotos recogiendo el premio! Pero no ganamos…
Hemos participado en muchos concursos, jaq de fotografía, yo de arquitectura, cuando pierdes pero ves los premiados y son mejores que lo que tu presentaste, entiendes porque no has ganado, y te animas esforzarte más en el próximo concurso.
Pero si pierdes, y ves que los premiados no son tan buenos, o tienen fallos, te vas con muy mal sabor de boca, y con 40e menos (la gasolina que gastamos para ir a la entrega de premios).
Jaq no quería que me quejara en el blog porque dice que hay que saber perder… pero una cosa es saber perder y otra las cosas injustas, ¡que me cabrean mucho!
1er premio: Sergio Mangada Rodríguez
La foto es curiosa, el diablo está a punto de manchar a la chica y ella pone cara de, no me pringues! pero... está movida, (en pequeño disimula, pero en grande no) y el foco está en el cogote del diablo, puede ser que el jurado haya tenido mas en cuenta el contenido que la técnica... además a la gente le suelen parecer mas bonitas las fotos pasadas a blanco y negro, pero, vale, estoy de acuerdo...
2º premio: Virgilio Hernández Vaño
Esta me gusta, aunque está centrada, me gusta la idea de una puerta que en vez de cerrar un espacio te deja ver el horizonte.
3er premio: Juana María López Rojo
Vaya! un paisaje! que foto mas original y atrevida! no la ha hecho nadie antes! venga hombre! ¿3er premio? ¿de verdad? un jurado compuesto por fotógrafos profesionales y varios licenciados en bellas artes, dan un premio de 200 euros a una foto que ni dice nada, ni tiene nada de especial, y que el único esfuerzo que requiere hacerla es, subir una colina cargando con la cámara... (que todo el que va a Luzón sube...)
Aquí es cuando piensas, tongazo!
Entonces googleas a la premiada y descubres que, es una "artista famosa" de la zona, que ganó algún otro premio de fotografía y otro 3er premio en el mismo concurso (en este caso las fotos si tienen algo) Típico! cuando un jurado se encuentra, con un "famoso artista" (no era un concurso anónimo) que ya ganó otros premios, entre sus finalistas, ¿como no le vamos a dar el premio? ¡pensaran que no entendemos si no se lo damos! porque si ya ganó otras veces, será que es buen@... Esto pasa muchísimo en concursos de arquitectura.
Yo creo que mi foto finalista...
y varias de las de jaq, eran bastante mejores que el 3er premio...
La verdad que me sienta fatal cuando pasan estas cosas, y no puedo callarme!
Eso si, me estoy quejando del concurso, la fiesta de los Diablos es genial! se lo curran mucho, cualquiera no se pringa la cara con aquello que apestaba a chimenea de casa vieja, va en manga corta con el frío que hacía, baila con esos cencerros colgados de la cintura, que tienen pinta de pesar, y aguanta el acoso de un puñado de aficionados a la fotografía que no les dejaban ni moverse mientras se estaban vistiendo, por conservar las tradiciones de su pueblo.